viernes, 11 de septiembre de 2009

Nuestro Egocéntrico Modelo Económico necesita un nuevo inicio

Por David Suzu
Science Matters

He oído a economistas que se jactan de que su disciplina se basa en un impulso humano fundamental: el egoísmo. Afirman que nuestro primer acto es el de satisfacer el interés propio. Puedo estar de acuerdo, en función de cómo se define uno mismo. Para algunos, el "yo" se extiende más allá de la persona individual a fin de incluir la familia inmediata. Otros podrían incluir la comunidad, un ecosistema o todas las demás especies.
Yo incluyo los ecosistemas y otras especies deliberadamente porque nos hemos convertido en una especie narcisista, auto-indulgente. Creemos que estamos en el centro del mundo, y todo lo que nos rodea es una "oportunidad" o "recursos" para explotar. Nuestras necesidades o demandas triunfan sobre las demás posibilidades.
Cuando nos enfrentamos con la opción de talar o conservar un bosque, nos centramos en los posibles beneficios económicos de la tala. Cuando la economía experimenta una recesión, exigimos que la naturaleza pague por ello. Relajamos o liberamos las normas de contaminación, aumentamos la tala o pesca por encima de niveles sostenibles, o eliminamos el requisito de las evaluaciones ambientales para nuevos proyectos.

Una perspectiva radicalmente diferente sobre nuestro lugar en el mundo se llama "biocentrismo". En este punto de vista, la diversidad de la vida abarca todos los seres y los humanos somos parte de ella, recibiendo todo lo que necesitamos de ella. Visto de esta manera, nuestra supervivencia depende de la salud y el bienestar del mundo natural. Creo que este punto de vista refleja mejor la realidad.
El aspecto más pernicioso de nuestro antropocentrismo ha sido la de elevar la economía a la más alta prioridad. Actuamos como si la economía fuese una especie de fuerza natural que todos debemos aplacar o servir en todas las formas posibles.
Pero espere! Algunas cosas, como la gravedad y la velocidad de la luz son fuerzas de la naturaleza. No hay nada que podamos hacer al respecto, salvo vivir dentro de las fronteras que las delimitan.
Pero la economía, el mercado, las divisas – nosotros creamos estas entidades. Si no funcionan, hay que arreglarlas o cambiarlas.
Cuando los economistas y políticos se reunieron en Bretton Woods, estado de Maine, en 1944, se enfrentaron a un mundo donde la guerra había devastado paisajes, ciudades y las economías. Así que se trató de encontrar soluciones. Se vinculó la moneda al dólar estadounidense y se llamó a los gemelos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para agilizar las economías nuevamente.
La era de la posguerra vio la recuperación asombrosa de Europa y Japón, así como una rugiente economía de los EE.UU. basada en el suministro de una gran abundancia de bienes de consumo. Pero el sistema económico que hemos creado es fundamentalmente erróneo, ya que está desconectado de la biosfera en la que vivimos. No podemos darnos el lujo de ignorar estas fallas por más tiempo.
Falla # 1: La naturaleza lleva a cabo todo tipo de "servicios" que no podemos duplicar: Elimina el dióxido de carbono de la atmósfera y devuelve oxígeno, enriquece el suelo con nitrógeno, transforma la luz solar en moléculas que necesitamos para energía en nuestros cuerpos, degrada los cadáveres de plantas y animales muertos y dispersa a los átomos y las moléculas de nuevo en la biosfera y mucho más. Rechazamos estos servicios como "externalidades" en nuestra economía.
Falla #2: Los economistas creen que porque no hay límites para la creatividad humana, no debe haber límites a la economía. Pero la economía depende de personas sanas, y la salud depende de los servicios de la naturaleza, que se ignoran en los cálculos económicos.
Estamos siendo testigos del choque de la necesidad económica de crecer de manera indefinida con los servicios finitos que la naturaleza realiza. Es hora de corregir nuestro punto de vista y nuestras prioridades. Es hora de un Bretton Woods II.
- Science Matters es escrito por David Suzuki con Faisal Moola.

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